Por una fracción del costo de un asistente, un agente recibe tus notas de voz, ordena tus ofertas, responde a tus compradores y deja constancia inalterable de cada operación — todo dentro de WhatsApp, donde ya ocurre tu comercio.
Esa última respuesta es a propósito. El agente no inventa precios: si el dato no está, lo dice.
El software te da herramientas y te deja el trabajo. Un agente toma el trabajo. AaaS no es una licencia que alquilas — es un trabajador que contratas, a una fracción del costo.
No un panel que debes aprender — un trabajador que ya conoce el oficio. Habla como habla tu gente: notas de voz, castellano de campo, quintales y arrobas.
Los compradores preguntan, el agente responde con precios registrados — y cuando no sabe, lo dice en vez de inventar.
Quién vendió, quién compró, quién transportó — un registro que no se puede editar ni borrar. Una serie de precios que se vuelve historial crediticio.
Lanzamos esto con nuestro propio dinero. No hay fondo, ni directorio, ni crecimiento a toda costa. El dueño paga la operación — así que solo ganamos cuando tu agente rinde.
Un agente que no trabaja es un negocio que no tenemos. Esa es la disciplina de una empresa que le responde a sus clientes, no a sus inversionistas.
Tu gente ya sabe usar WhatsApp. Eso es todo lo que necesita saber.
El problema es el mismo en todo el Perú productivo: la operación ocurre por WhatsApp y no queda registrada en ningún lado.
Sin comisión escondida sobre sus ventas, sin cobro por usuario, sin permanencia.
Precios en soles, sin IGV. Facturamos a RUC. ¿Asociación de productores o varios corredores? Escríbanos y lo vemos.